de Amela Einat
ISBN 84-95543-89-3.
Col. Biblioteca Internacional del Holocausto.
Editorial El Toro de Barro, 80 páginas.
Carlos Morales
Reseñas de “La cicatriz del humo”http://prensa-eltorodebarro.blogspot.com/search/label/210.-%20La%20cicatriz%20del%20humo
Biografía de Amela Einathttp://autores-de-el-toro-de-barro.blogspot.com/search/label/Amela%20Einat
Extracto de “La cicatriz del humo”http://narrativa-eltorodebarro.blogspot.com/search/label/210.-%20La%20cicatriz%20del%20humo%20%282003%29
ISBN 84-95543-89-3.
Col. Biblioteca Internacional del Holocausto.
Editorial El Toro de Barro, 80 páginas.
Los niños de Auschwitz
Tras abrir los actos conmemorativos del 75 aniversario del nacimiento de Ana Frank en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, «La Cicatriz del Humo», el segundo de los volúmenes de la «Biblioteca Internacional del Holocausto», ya está en las librerías.
Su autora, Amela Einat, es una de las novelistas más prestigiosas de la narrativa hebrea contemporánea, y también una de las voces más firmes del pacifismo israelí y de una educación para la paz, alejada de los grandes mitos culturales y religiosos que impiden la reconciliación con el pueblo palestino. Esta vez, la autora de «La llamada de los delfines» nos ofrece con «La cicatriz del humo» una novela coral dirigida a un público juvenil y preuniversitario, que se sitúa a medio camino de la narrativa y del testimonio, y en la que sus protagonistas –un grupo de muchachos que acaban de concluir sus estudios de bachillerato– deciden recorrer los campos nazis de exterminio en compañía de un puñado de ancianos que, siendo niños todavía, tuvieron la suerte de sobrevivir a Auschwitz. Uno de esos niños, Daniel Chanoch, estuvo aquí para contarlo. La visita a los campos de concentración desentierra el horror y provoca dolorosísimas catarsis emocionales tras las que ninguna pregunta encuentra su respuesta.
Uno no sabe qué historia es la dominante de todas las que dan la mano en «La cicatriz del humo». Impresiona la de Karen, la historia de una hermosa adolescente judía que pierde de pronto su eslabón con el mundo al descubrir en Auschwitz que, para librar a su madre polaca de la muerte, sus abuelos no dudaron en denunciar a sus vecinos judíos de la aldea. También lo hacen los dramáticos instantes en que quienes la sufrieron reviven la separación forzada de sus padres a que se vieron obligados por los nazis, o la arbitrariedad con que éstos escogían entre los niños a los que habían de morir, después de desnudarlos para medir sus estaturas y calibrar la densidad de su vello púbico, procurando elegir a los que, por sus corta edad, apenas si podían cumplir con eficacia las tareas cotidianas de lavar los cuerpos de los muertos. Todas ellas comparecen como preguntas que no tienen respuesta y, a la vez, como pruebas de cargo de que, para Israel, el Holocausto es hoy una cicatriz invisible y silenciosa grabada en todas las generaciones.
La novela se enfrenta a algunos de los grandes mitos construidos en torno al Holocausto por la cultura occidental. Deja claro, en primer lugar, que la Shoá no puede ser considerada como un acontecimiento histórico concreto que tuvo su tiempo y su lugar, sino como una atmósfera que no ha sido todavía interiorizada por sus victimas ni por los verdugos. En segundo lugar, nos sitúa ante la importancia de esa dramática experiencia colectiva en el origen de las distintas concepciones ideológicas de la sociedad israelí contemporánea –desde la animadversión hacia Europa y hacia el mundo árabe hasta las que, por el contrario, promueven el encuentro y la reconciliación–. En este sentido, la diversidad de respuestas es tal que hace caer bajo su propio peso los atractivos mitos reduccionistas de quienes, como José Saramago o Haro Teglen, ven al Holocausto como el gran argumento de legitimación utilizado por los israelíes para la perpetración de un presunto genocidio sobre el pueblo palestino.
Su autora, Amela Einat, es una de las novelistas más prestigiosas de la narrativa hebrea contemporánea, y también una de las voces más firmes del pacifismo israelí y de una educación para la paz, alejada de los grandes mitos culturales y religiosos que impiden la reconciliación con el pueblo palestino. Esta vez, la autora de «La llamada de los delfines» nos ofrece con «La cicatriz del humo» una novela coral dirigida a un público juvenil y preuniversitario, que se sitúa a medio camino de la narrativa y del testimonio, y en la que sus protagonistas –un grupo de muchachos que acaban de concluir sus estudios de bachillerato– deciden recorrer los campos nazis de exterminio en compañía de un puñado de ancianos que, siendo niños todavía, tuvieron la suerte de sobrevivir a Auschwitz. Uno de esos niños, Daniel Chanoch, estuvo aquí para contarlo. La visita a los campos de concentración desentierra el horror y provoca dolorosísimas catarsis emocionales tras las que ninguna pregunta encuentra su respuesta.
Uno no sabe qué historia es la dominante de todas las que dan la mano en «La cicatriz del humo». Impresiona la de Karen, la historia de una hermosa adolescente judía que pierde de pronto su eslabón con el mundo al descubrir en Auschwitz que, para librar a su madre polaca de la muerte, sus abuelos no dudaron en denunciar a sus vecinos judíos de la aldea. También lo hacen los dramáticos instantes en que quienes la sufrieron reviven la separación forzada de sus padres a que se vieron obligados por los nazis, o la arbitrariedad con que éstos escogían entre los niños a los que habían de morir, después de desnudarlos para medir sus estaturas y calibrar la densidad de su vello púbico, procurando elegir a los que, por sus corta edad, apenas si podían cumplir con eficacia las tareas cotidianas de lavar los cuerpos de los muertos. Todas ellas comparecen como preguntas que no tienen respuesta y, a la vez, como pruebas de cargo de que, para Israel, el Holocausto es hoy una cicatriz invisible y silenciosa grabada en todas las generaciones.
La novela se enfrenta a algunos de los grandes mitos construidos en torno al Holocausto por la cultura occidental. Deja claro, en primer lugar, que la Shoá no puede ser considerada como un acontecimiento histórico concreto que tuvo su tiempo y su lugar, sino como una atmósfera que no ha sido todavía interiorizada por sus victimas ni por los verdugos. En segundo lugar, nos sitúa ante la importancia de esa dramática experiencia colectiva en el origen de las distintas concepciones ideológicas de la sociedad israelí contemporánea –desde la animadversión hacia Europa y hacia el mundo árabe hasta las que, por el contrario, promueven el encuentro y la reconciliación–. En este sentido, la diversidad de respuestas es tal que hace caer bajo su propio peso los atractivos mitos reduccionistas de quienes, como José Saramago o Haro Teglen, ven al Holocausto como el gran argumento de legitimación utilizado por los israelíes para la perpetración de un presunto genocidio sobre el pueblo palestino.
Carlos Morales
Reseñas de “La cicatriz del humo”http://prensa-eltorodebarro.blogspot.com/search/label/210.-%20La%20cicatriz%20del%20humo
Biografía de Amela Einathttp://autores-de-el-toro-de-barro.blogspot.com/search/label/Amela%20Einat
Extracto de “La cicatriz del humo”http://narrativa-eltorodebarro.blogspot.com/search/label/210.-%20La%20cicatriz%20del%20humo%20%282003%29






